
Para algunos compradores, una buena calificación crediticia puede ser una autorización para comprar; la falta de ella puede hacer que un valor quede descartado.
No resulta del todo sorprendente que los inversores minoristas y los fondos de inversión hayan valorado SpaceX, la empresa de Elon Musk, en 2 billones de dólares (1,7 billones de euros), a pesar de que sus ingresos durante el último año fueron de sólo 20.000 millones de dólares. Pero quienes pensaran que semejante mezcla de YOLO (sólo se vive una vez) y FOMO (miedo a perderse una oportunidad) jamás se extendería al complejo y sobrio mundo de los bonos , deberían reconsiderarlo.
SpaceX está a punto de vender bonos por valor de 20.000 millones de dólares, siguiendo la estela de otras grandes emisiones de deuda de empresas tecnológicas como Alphabet y Meta Platforms. La gran diferencia radica en que, mientras que estas últimas son empresas de software enormemente rentables, SpaceX pierde 9.000 millones de dólares anuales. No obstante, las agencias de calificación S&P Global Ratings, Moody's y Fitch han otorgado a la compañía de Musk calificaciones de grado de inversión dentro de la banda BBB.
Las agencias de calificación tienen criterios bastante estrictos para sus avales, basados en los niveles de deuda y el flujo de caja existentes. SpaceX tiene poca deuda y 101.000 millones de dólares en efectivo tras su salida a Bolsa el 12 de junio. Sin embargo, su falta de beneficios hace que la calificación sea inusual. Quizás las agencias, como el proveedor de índices Nasdaq , decidieron que las peculiaridades de SpaceX justifican una revisión de las normas previamente establecidas.
Los inversores se forman su propia opinión sobre el riesgo de los bonos; el rendimiento al que se negocien reflejará el veredicto empírico de los inversores sobre el conglomerado de Musk y sus perspectivas financieras. Pero las opiniones de las agencias de calificación también importan. Para algunos compradores, incluidas las compañías de seguros, un rating sólido puede ser una autorización para comprar; la falta de éste puede hacer que un valor quede descartado.
En el caso de SpaceX, la percepción de solvencia depende por ahora de Starlink. El servicio de telecomunicaciones por satélite es la única división rentable de la compañía, con un ebitda anual de 8.000 millones de dólares. También necesita capital, lo que significa que es probable que la compañía vuelva a recurrir a los mercados. El desafío es que las otras dos divisiones, espacio e IA, siguen siendo pequeñas, especulativas y derrochadoras.
Es cierto que no está claro que los bonos sean la mejor manera de abordar esta situación. La exorbitante valoración de SpaceX, que ronda las 100 veces los ingresos, sugiere que vender más acciones podría ser una buena estrategia. Aun así, l os intereses de los bonos serán inferiores a los de los "préstamos puente", temporales y extremadamente caros, que SpaceX solicitó para la compra de Twitter por parte de Musk. Establecer un mercado líquido para la deuda de la compañía es un objetivo valioso a largo plazo.
En última instancia, SpaceX actúa de forma racional al aprovechar su poderío sin precedentes. Actores clave del mercado como los proveedores de índices y los bancos de inversión se han mostrado dispuestos hasta ahora a modificar los modelos tradicionales para una empresa que es a la vez muy valiosa y profundamente atípica. El problema es que, si el ánimo del mercado cambia —y las acciones de SpaceX ya han caído un 30% desde el máximo alcanzado la semana pasada—, podrían arrepentirse.
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