
CARMEN ROSIQUE
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La posible apertura nuevamente del estrecho de Ormuz, un punto estratégico por el cual circula aproximadamente el 20% del abastecimiento global de crudo, provoca un optimismo cauteloso entre los analistas. Las compras tomaron fuerza el viernes con entusiasmo frente a esta expectativa, aunque los especialistas se mantienen prudentes, ya que no es la primera ocasión en que el acuerdo anunciado no se concreta.
Si la noticia se confirma, los mercados bursátiles aún tendrían un margen de subida de hasta el 5%, en el caso del Ibex, debido a la clarificación del panorama para numerosas empresas ante la reducción de los precios del petróleo.
"Anticipamos que el petróleo se encamine hacia los 70 dólares", señala Víctor Peiro, director de análisis de GVC Gaesco, cuyo impacto es claramente favorable: "lo que aliviaría los costos de transporte y frenaría la inflación a mediano plazo".
Esta perspectiva contrasta con la de Roberto Scholtes, de Singular Bank, quien alerta que la baja del crudo del viernes es meramente especulativa. Según Scholtes, "consideramos muy probable una desilusión cuando se compruebe que el tránsito por Ormuz se restablece, pero el petróleo y el gas no se abaratan más", debido a la demora en normalizar los suministros. Por ello, sostiene un escenario en el que el Brent repunte hacia los 90 dólares.
La fiabilidad del acuerdo se recibe con prudencia. Guillermo Santos, de iCapital, indica que el pacto sigue siendo "impreciso o conceptual" y que, aunque la situación ha mejorado, habrá "turbulencias" durante la negociación. "Aunque no es seguro que se vaya a firmar un acuerdo, objetivamente la situación ha mejorado y ya se había dado una incipiente recuperación del tráfico comercial por Ormuz sin que Irán pudiera evitarlo", agrega.
Además, para el mercado, la intención es relevante. Nacho Zarza, de Auriga, opina que esta noticia es el mejor obsequio para el nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ya que le permite "ganar tiempo sin modificar los tipos" y cumplir con los deseos de Trump de una política menos restrictiva. Existe un optimismo moderado, aunque con diferencias sectoriales notables. Diego Fernández, de Banco Sabadell, prevé una reacción inicial de risk on donde el Ibex podría colocarse por encima de los 19.000 puntos, favoreciendo a sectores golpeados como turismo, retail y lujo.
Desde ING, Francisco Quintana se muestra más escéptico respecto al recorrido a largo plazo y afirma que "esas buenas noticias ya están incorporadas" y prefiere mantener sus inversiones en tecnología y el sector financiero.
En cuanto a valores, Auriga considera que compañías como Henkel, Heidelberg, Siemens, Ferrovial, OHLA y ACS se verán beneficiadas por la disminución de costos energéticos y los planes de reconstrucción.
El sector energético podría resultar perjudicado. Manuel Pinto, de XTB, advierte sobre dificultades para Repsol, Enagás y Naturgy, que sufrirán recogidas de beneficios tras haber actuado como valor refugio durante el conflicto. Pinto señala que la caída de los rendimientos de los bonos favorecerá a valores sensibles a los tipos como Rovi, Grifols, Fluidra o Cellnex, además de a las pequeñas compañías y al oro.
En lo que respecta a los bancos, se mantienen como un sector sólido. CaixaBank, Unicaja o Sabadell continuarán aprovechando un entorno de tipos que, aunque dejen de subir, seguirán siendo altos durante un tiempo.
Juan José Fernández-Figares, de Link Securities, advierte de que la euforia inicial podría ser efímera. "Los inversores empezarán a evaluar el verdadero impacto en la economía global", y destaca que la volatilidad continuará presente hasta que los resultados empresariales confirmen si la mejora es genuina o solo un alivio pasajero.
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